El viaje hacia mi naturaleza salvaje: Cómo el Ártico y el legado de mi madre definieron mi propósito
- sierrawildmedia
- 4 jul 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: hace 7 días
¿Alguna vez has sentido que tu vida es una búsqueda constante de un lugar que no sabes nombrar? Mi nombre es Sierra Jacobs, soy oceanógrafa y guía de montaña, pero antes de ser nada de eso, fui una mujer buscando su rumbo. Hoy quiero contarte cómo pasé de analizar los océanos a guiar a mujeres por los glaciares del Ártico, y por qué el miedo de mi madre fue la chispa que encendió este proyecto.
El inicio del camino: Prioro y la Montaña Oriental
Todo gran viaje tiene un punto de partida que parece azaroso, pero que el tiempo revela como esencial. Para mí, ese lugar fue Prioro, un pueblo rodeado de las montañas que inspiraron a Ruben Sánchez. Y allí le conocí; su mirada como fotógrafo de paisaje ha capturado la esencia de esas cumbres de una forma que pocos logran.
Juntos decidimos que la vida era demasiado corta para verla a través de una ventana. Nos subimos a una camper, cargamos nuestras mochilas, sumamos a nuestro perro Casimiro a la aventura y salimos a recorrer el mundo sin fecha de vuelta desde el 2022.

La soledad elegida entre fauna y auroras
Aunque viajábamos juntos en la camper, yo necesitaba algo más. Necesitaba medir mis propias fuerzas. Mientras Ruben buscaba la luz perfecta para sus fotos, yo me calzaba las botas y me adentraba sola en la inmensidad.
Pasé meses en el Ártico escandinavo, recorriendo Noruega, Finlandia y Suecia. Hice rutas de varios días cargando con todo lo necesario, grabándome a mí misma (podéis ver esos momentos de crudeza y belleza en mi canal de YouTube) y enfrentándome al silencio absoluto. Después vinieron las cumbres de Asia Central, el Cáucaso y los Andes. Esa soledad no era aislamiento; era un reencuentro conmigo misma. Pero cada vez que llamaba a casa, recordaba por qué lo que yo hacía era, para muchas, una utopía.
El espejo de mi madre: 65 años de límites heredados
Mi madre tiene 65 años. Ella pertenece a una generación de mujeres a las que se les enseñó a cuidar, a esperar y, sobre todo, a temer. A su generación les grabaron a fuego que la naturaleza salvaje era peligrosa, que una mujer sola es vulnerable y que la noche en la montaña es un lugar prohibido.
Cuando le cuento mis aventuras, veo en sus ojos una mezcla de orgullo y un terror ancestral. Para ella, el monte es ese lugar donde "pasan cosas". Ese miedo no es suyo originalmente; es un miedo heredado de una sociedad que puso límites a sus sueños y muros a su libertad de movimiento. Ella es mi gran inspiración porque representa a miles de mujeres que, aunque sienten la llamada de la tierra, se detienen ante el umbral de lo desconocido porque nadie les dijo que el mundo también era suyo.

El nacimiento de un propósito: De mujer a mujer
Hace dos años, en un encuentro de mujeres viajeras, las piezas del puzzle encajaron. Escuché a mujeres confesar los mismos miedos que mi madre, pero con un brillo de esperanza en los ojos. Me di cuenta de que mi experiencia como oceanógrafa y guía, sumada a mis años de rutas en solitario, no era solo para mi disfrute personal.
Mi propósito era convertirme en el puente.
Quiero que las mujeres de 40, 50, 60, 70 y más años rompan el techo de cristal de la aventura. El mundo del montañismo todavía está demasiado masculinizado, y ya es hora de que reclamemos nuestro espacio. Mi proyecto no solo organiza viajes; organiza reencuentros con la propia fortaleza.
Si mi madre, con sus 65 años y sus miedos, es capaz de apuntarse a mi gran Trekking de 8 días en Asbisko, yo quiero ser quien te inspire a ti a dejar atrás esos límites aprendidos. Porque la naturaleza no entiende de edades ni de géneros, solo entiende de espíritus valientes que se atreven a caminar.



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